Al principio caía en la trampa de los bonos gigantes, pero con el tiempo aprendí a leer la letra pequeña. Ahora prefiero mil veces las promociones claras de rollover bajo, aunque sean de menor cantidad. De nada sirve un bono enorme si te piden jugarlo cincuenta veces en dos días. Cada vez que entro al casino, lo primero que hago es revisar los términos de liberación. Si veo que las condiciones son absurdas, juego directamente con mi saldo. Es la mejor forma de evitar dolores de cabeza.